Mi pequeño Fiulín. Un perro increíble que nunca olvidaremos

Mi pequeño Fiulín

 

Mi Fiulin, Fiulito, Fei…tenía tantos nombres.

Todos llenos de cariño.

Su nombre era Feo, y muchas veces nos arrepentimos de llamarle así. Supongo que por eso nos inventábamos otros nombres que camuflasen un poco su nombre real.

Mi pequeño Feo apareció paseando solito por una calle del pueblo en el que vivíamos hace casi cinco años. Tenía unas rastas que casi le llegaban al suelo. Estaba sucio, lleno de nudos, y tenía la mirada perdida de los perros mayores. Me llamó la atención verlo sólo, paseando sin rumbo fijo. Se le notaba el peso de los años.

Le llamé y enseguida vino moviendo su mini rabito. Lo cogí sin pensar, como a todos. Porque si lo piensas, sólo ves los problemas, y la mayoría de las veces, decides cerrar los ojos. Y yo no pensé. Lo cogí estando segura de que estaba perdido, a pesar de sus pelos. Estaba gordito y no tenía miedo, que suele ser un punto a favor de que sólo esté perdido, y no abandonado.

 

Feliz
Feliz

Pero no tenía chip, ni nada que indicase que tenía una familia. Pusimos carteles por todo el pueblo con su foto, pero nadie nos llamó. Preguntamos por las calles si alguien lo conocía, pero nadie lo había visto antes.

Al final asumimos lo obvio. Nadie lo estaba buscando. Ellos no supieron nunca lo que habían perdido. Siempre lo he dicho, mis mayores tesoros son los desechos de otros. Lo que nadie más ha querido, y lo que más feliz me ha hecho.

Nos planteamos mil veces que hacer. Llevarlo a una protectora, buscarle un dueño…pero si nosotros no le acogíamos, ¿quién iba a quererle? Era un perrín mayor, con muchos problemas encima.

Su corazón estaba muy desgastado por la edad, y aguantaba a base de muchas pastillas diarias. También tenía una enfermedad hormonal, el síndrome de Cushing, que le hacía  que se le cayese el pelo más de lo normal, que bebiese muchísima agua, que su piel fuese muy fina y se hiciese heridas casi con rozarse…

Al principio se hacía pis (y cosas peores) en toda la casa y a todas horas, y después se frotaba la cara. No era nada cariñoso y no era capaz de integrarse con Duna y Poden. El pobre Poden se llevó algún mordisco por intentar acercarse. Pero si nosotros no lo aceptábamos, nos parecía muy difícil que alguien lo hiciera.

Y se quedó.

Nos costó meses, muchos, que se adaptase a la casa y a nosotros. Pero se volvió cariñoso, obediente, y un gran compañero. Y no me arrepentí nunca, porque era mi pequeño tesoro.

Mi sombra permanente.

Y cuando se fue, dejó un vacío oscuro y frío, que no se llena con nada. Y me acuerdo de él todos los días. Recuerdo sobretodo cómo me miraba, con sus ojos muy abiertos, la boca entreabierta, su rabo moviéndose a mil revoluciones por minuto. Me miraba como si yo fuese lo más importante del mundo. 

 

Mi pequeño Fiulín
Mi pequeño Fiulín

 

¿Cómo se le dice adiós a un perro?

No existe ninguna forma. No queda más remedio que inventarla.

Supongo que esta es mi manera de despedirme. Y también de recordarle.

Adiós, mi pequeño tesoro.

 

 

2 Replies to “Mi pequeño Fiulín. Un perro increíble que nunca olvidaremos”

  1. Montserrat Piñero Ayora dice: Responder

    Tu texto rebosa ternura y sí!!! eres muy importante para tus peludos. También para tu “feíllo”!!!

    1. Mónica García dice: Responder

      Gracias. Ellos son mi familia 🙂

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