Duna. Un cachorro sin socializar

cachorro adorable

Necesito un perro

En casa de mis padres, vivía con Danko, un pitbull más bueno que los ferrero roche.

Me costó mucho separarme de él cuando me mudé a Tenerife por trabajo. Me hubiese encantado llevarlo conmigo. Pero mi familia me dijo, para resumir, que ni de coña.

Normal, ellos también le adoran.

Danko es un perro maravilloso. Pero poco tolerante con otros machos jóvenes. En cambio se lleva genial con cachorros, hembras y viejetes.

Por eso, al llegar a Tenerife, tenía claras dos cosas. La primera, que necesitaba un perro desesperadamente. La segunda, que tenía que ser hembra.

La idea que tenía en mi cabeza, era de una perra negra, tipo labradora, con papada y muchos pellejos. Pachorrona, pero dispuesta a darse unos buenos paseos. Y se llamaría Duna.

Pero las cosas nunca son como las imaginamos. Duna llegó, pero no cómo yo me imaginaba.

Danko. Perro juguetón
Danko. Perro juguetón

Me hubiese encantado tener otro pitbull, una raza que me encanta. Pero ya había sufrido en mis carnes el rechazo que sufría al pasear a Danko. Gente que se cambiaba de acera al verme. Otros cuchicheando a mi paso sobre lo “terriblemente peligroso” que era mi perro.

Una vez una madre empujó a su niño dentro de un portal con una cara de susto tremenda cuando pasamos a su lado. Coincidió con una oleada de noticias sobre lo agresivos que eran estos perros (me encantan las noticias y lo objetivas y fiables que son, ironía total).

También las dificultades para dejarlos sueltos. Por ley tienen que ir siempre atados y con bozal, con los problemas que puede ocasionar a un animal que necesita jugar, correr, relacionarse con otros perros (no machos jóvenes, en nuestro caso). Y todo el papeleo necesario. Todo esto me hizo elegir otro tipo de perro.

¿Cómo llegó Duna?

A los dos meses de mudarme, llegó un grupo de niños a la clínica donde trabajaba. Acababan de encontrarse una perrita de un mes rondando los cubos de basura. Sus padres les dijeron que la dejasen allí, en la basura, y los pobres estaban buscando una solución.

Se dormía en cualquier parte
Se dormía en cualquier parte

Es increíble la falta de responsabilidad y empatía de algunas personas. Y la falta de valores que son capaces de transmitir a sus hijos. Aunque en este caso, los niños demostraron ser muy diferentes a sus padres.

El caso es que ella necesitaba una casa, y yo buscaba una perra. Un pequeño saco de pulgas totalmente salvaje que llegó a ser la Ruri original. La primera del clan Maruris.

No estaba ni socializada ni acostumbrada a personas. Era un pequeño monstruito salvaje. No parecía que hubiese tenido mucho contacto con personas antes.

Nos imaginamos a los cachorros súper dulces, cariñosos. Dando lametones a todo el que se les acerca. Pero Duna no tenía nada que ver.

Se dejaba tocar y coger sin problema, pero no buscaba el contacto. Si la cogía, se quedaba mirando mi cara fijamente durante un rato, y enseguida me lanzaba un mordisco. Más de una vez me pilló la nariz. Menos mal que sus dientes eran minúsculos, pero se clavaban como alfileres. Y ladraba como una posesa cuando algo no le gustaba.

Mis horarios en la clínica eran matadores, trabajaba entre 13 y 18 horas al día (ser veterinario no es nada fácil en España). El Sr. X tardó aún un par de meses en trasladarse y Duna pasaba muchas horas sola, y se aburría. Los primeros meses de su vida fueron difíciles, para ella y para mi.

Apenas tenía tiempo más que para pasearla rápido y darle de comer. Su educación fue desastrosa. Y ella, que ya venía poco socializada, liberó su frustración y aburrimiento destruyendo todo a su paso. Muchas veces me pregunté cómo me había metido en semejante lío. Pero jamás se me pasó por la cabeza renunciar a Duna.

Si me hubieran dicho cómo iba a acabar unos años más tarde, con 6 animales en un piso minúsculo, no me lo hubiese creído.

Destruyó en total cuatro móviles, un sofá completo, incontables zapatos y zapatillas, una pared, mis nervios…en resumen, que era un dolor de perra.

Si hubiese tenido dinero, habría contratado a algún paseador, pero mi economía por aquella época era bastante lamentable.

Empezando la socialización

Todo cambió cuando llegó el Sr. X a Tenerife. Como él tenía más tiempo, ya que trabaja desde casa (afortunado él), tenía mucho más tiempo para dedicarle.

Aprovechó para empezar a introducir a Duna a todo aquello que la rodearía en su vida adulta. Paseos en coche, caricias de personas extrañas, contacto con otros perros. Fue divertido ver cómo con tres meses se enfrentaba a perros mucho más grandes que ella. Hasta que aceptó que sólo querían jugar.

Duna salía de casa mínimo 3 veces al día. Paseos cortos al principio, porque era muy peque aún. Pero queríamos acostumbrarla a hacer sus cosas en la calle cuanto antes. Así que cada vez que lo hacía, se llevaba un premio en forma de galleta y caricias varias.

Repetíamos dos veces al día las pautas que te dejé hace unos días sobre la manipulación del cachorro

El Sr. X jugaba con ella varias veces al día. Y empezó a enseñarle varias lecciones básicas, como ven, siéntate, tumba, da la pata, y su carácter empezó a mejorar. Ya no tenía tanta energía. Dejó de destrozar y se volvió mucho más cariñosa.

También usábamos juguetes (kong) para esconder comida y tenerla más entretenida.

Duna y Poden. Los mejores amigos.
Duna y Poden. Los mejores amigos.

Su mala leche se desvió a los pobres lagartos y ratones que se encuentra por el campo. Es una cazadora empedernida. Aunque es una perra muy mimosona, sigue conservando un lado salvaje que la hace muy especial.

Al poco tiempo Poden llego a nuestra vida, y con él un cambio de trabajo. La familia Maruris no había hecho más que empezar.

Pero eso es otra historia, y te la contaré en otra ocasión.

¿Has tenido problemas similares con tu cachorro?

¿Cómo los resolviste?

 

 

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